Tomás Morales: diagnóstico y terapia diferencial

Autor: Santiago J. Henríquez Jiménez
Colección: Colección Tomás Morales
Editorial:
ISBN: 978-84-8103-572-8
Año: 2008
Descripción física: 267 págs. 23x14,5 cms. Rústica
Precio: 20 €
Sinopsis: “Tomás Morales: diagnóstico y terapia diferencial” va más allá de los acontecimientos ocasionales que vive la medicina española de los últimos años del ochocientos y principios del novecientos. Por un lado, Tomás Morales intenta adscribirse a ese intento de renovación escénica que subyace tras la incipiente producción científica de 1900. Por otro, aun tratándose para ello del mismo estudiante, el poeta de Moya se enmarca en la posibilidad de vivir otra vida al margen de esa misma delimitación. De esta manera surge, no una obra poética, sino fragmentos muy concretos de una producción literaria que resulta tan extraordinariamente rica e interesante desde el punto de vista científico como del crecimiento de un hombre que mira hacia estos dos lados del saber: las ciencias y las letras. Latente detrás de la consabida dicotomía entre el Morales médico y el Morales poeta, subyace la universidad, los planes de estudio y el temario que da forma a cada una de las asignaturas del momento. En la producción de Galdós, Pío Baroja, Emilia Pardo Bazán, “Azorín” y Ramón Gómez de la Serna, entre otros, el médico es una figura de supuesto ascenso y acomodo social. Entre 1900 y 1910, Tomás Morales se mueve de aquí para allá como cualquier otro estudiante universitario que tiene los objetivos claros en la vida. Caricaturizado siempre por su desprendida juventud, espontaneidad, vitalidad, humor e inclinación hacia la poesía, nuestro poeta prefirió la familiaridad de sus amigos, el encadenamiento de los versos y la búsqueda del significado hervoroso de las palabras a la investigación, no estrenada, de la medicina. Dispuesto a afrontar los riesgos de su profesión médica, los libros primero y segundo de “Las Rosas de Hércules” alcanzan, sin embargo, la deseada continuidad científica de un hombre que, interesándose más por las letras, se dejó encantar, en algunos ratos de producción literaria, por las ciencias.